escritura, lectura, libros, literatura

Tinta y fuego

Imagina que no pudieras escribir, más aún, que no pudieras hacerlo porque no supieras hacerlo, porque aprenderlo estuviera prohibido. Imagina que escribir solo les estuviera permitido a una parte de la sociedad. Escribir, plasmar en un papel los pensamientos, los anhelos, escribir una carta, una lista de la compra, dejar constancia por escrito de algo, escribir un contrato, dedicar unas palabras de amor para tu amado, bordar el nombre de tu hijo en su bata, escribir unas instrucciones…escribir, lo damos por hecho y no somos plenamente conscientes de su poder. Los pensamientos que se recogen por escrito perduran en el tiempo, los que se dicen se pierden con el viento.

Imagina que por haber nacido de un color o raza diferente estuvieras destinada a ser una esclava. Esto, por desgracia, no nos resulta tan difícil de imaginar, aunque no lo hayamos vivido, sabemos que ocurrió.

Alrededor de estas dos ideas principales gira la trama de Tinta y fuego, nos relata la historia de Raisa, esclava en palacio. Su vida no es tan dura como la de otros arnath, pero aún así, las injusticias están presentes en su vida. A lo largo de las páginas de este libro, podremos conocer un poco más su vida. ¿Qué pasaría si se enamorara de Mati, el príncipe de Quilara? ¿Y qué papel juega en toda esta historia La Resistencia?

La historia engancha, te anima a querer conocer más sobre, a querer leer más, te hace replantearte aspectos de la vida que nosotros damos por hecho pero que sin embargo no hace tanto tiempo eran diferentes. Por ejemplo, si bien leer y escribir no estaban reservados exclusivamente a la aristocracia, hace algunos años, no toda la sociedad podía acceder a la escuela y aprender a hacerlo, no estaba prohibido, pero no todos podían hacerlo. Es un libro que recomiendo, tanto a jóvenes como adultos. A mí me ha dejado con ganas de conocer qué les deparará el futuro a Raisa y Mati, quién sabe, quizás algún día la autora, Kathy McMillan, decida desvelárnoslo en otro libro.

 

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