El ratón quiere hacer una tortilla, pero no tiene huevos, así que decide ir a casa de su vecino el mirlo a pedirle uno. Pero el mirlo no tiene huevos, pero sí harina y le propone cambiar la tortilla por un pastel. Así es como comienza esta historia, con la búsqueda de un huevo,  y lo que en un principio iba a ser una sencilla tortilla, se convierte en un pastel elaborado entre varios animales. Pero encontrar un huevo para hacer el pastel no va a ser tarea sencilla, y los animales van yendo casa por casa buscando uno. Al final cada uno aporta algo…¿cada uno?

¿Cuánto vale una idea? ¿vale tanto como lo tangible? Un tema sobre el que poder reflexionar con los niños, ¿es justo el comportamiento de los animales? ¿se portan bien? ¿qué podrían hacer? Un libro con el que poder hablar y debatir sobre este tema tan importante. Un libro que nos habla del trabajo en equipo, de la generosidad, de hacer lo correcto aunque no siempre sea lo más sencillo…valores muy importantes que inculcar a los niños.

Pero es que, “El ratón que quería hacer una tortilla” además de difundir un mensaje o una reflexión realmente valiosos tiene una narrativa bonita. Está redactado de forma acumulativa. Y no sé si a vosotros también os pasará, pero a mí, algunas veces, los libros acumulativos se me acaban haciendo pesados, pero no es en absoluto el caso de esta historia. Sí, es acumulativa, y los textos se van repitiendo, acumulando personajes al mismo, pero queda bien, queda bonito, invita además, a que el niño vaya sumándose a la historia, puesto que seguro que después de leérselo algunas veces, él mismo podrá ir acompañando la narración añadiendo los animales.

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